
Cambios en el hábito intestinal, sangrado rectal, dolor abdominal persistente, distensión, vómito fecaloide, pérdida de peso o masa palpable ameritan estudio. La consulta prioriza descartar obstrucción, perforación, isquemia o procesos inflamatorios graves que puedan necesitar intervención.
Diverticulitis, enfermedad inflamatoria intestinal complicada, pólipos grandes, algunas neoplasias y adherencias posquirúrgicas son ejemplos donde la cirugía general participa en el manejo. El plan depende del diagnóstico confirmado, estabilidad del paciente y recursos disponibles.
Obstrucciones, hernias internas, adherencias y algunas infecciones o isquemias pueden manifestarse con dolor agudo o subagudo. La historia, exploración y tomografía u otros estudios ayudan a decidir entre tratamiento conservador, observación hospitalaria o cirugía.
Los procedimientos sobre colon pueden requerir preparación intestinal, antibiótico profiláctico y evaluación cardiopulmonar. La vía laparoscópica u abierta se elige según anatomía, urgencia y experiencia del equipo, siempre priorizando la seguridad.
Tras cirugía intestinal es común un periodo de dieta progresiva y vigilancia de función intestinal. Se educa al paciente sobre señales de fuga, infección o nueva obstrucción y se programa seguimiento ambulatorio.